RESURRECCIÓN

Creemos en Jesús Resucitado

Creemos en Jesús Resucitado,
que no volvió a la luz para morir de nuevo,
sino que rompió para siempre, con la fuerza del Padre,
la espada ensangrentada de la muerte.

Y se llenó de vida,
de la vida de Dios que el amor mantiene sin descanso.

Ni el sepulcro vacío,
ni las viejas profecías,
ni la penosa fe de los discípulos,
ni siquiera los bellos relatos de la Pascua
nos han hecho creer que Jesús estaba vivo.

Lo hemos visto nosotros.
Tomás o Magdalena,
los padres, los amigos,
millones de creyentes
por los siglos de la historia
fueron preparando con su fe y su esperanza
nuestro encuentro.

Sentimos su presencia como fuego,
como un inmenso sol que recorre nuestra sangre,
como una lluvia interna,
como un nuevo perfume contagioso.

Y creemos.
Y amamos.
Y luchamos.
Y vivimos felices.
Y empezamos a inventarnos el futuro.

Creemos en Jesús Resucitado.
Creemos lo imposible,
la nueva creación del mundo y de los hombres
frente a todas las razones de los “listos”.

Creemos que el amor poderoso del Padre
resucitó a Jesús de entre los muertos.
Que la muerte no puede llevarse vida alguna,
que vive más allá de su propio egoísmo.
Que el amor de Jesús
pasó por el estrecho y triste pasillo de la muerte
al mirador sin fin de la vida total.

Creemos que Jesús está vivo entre nosotros,
más hondo que una música aprendida,
que una bella película reciente,
que un proyecto largamente presentido,
que el recuerdo incesante de un amor deseado.

Jesús es el sentido concreto y final de nuestras vidas,
el sentido de la vida
para todos los hombres
que han vivido, que viven y que un día vivirán.
El impulso de toda oración,
el punto de arranque de toda iniciativa,
el ala de toda novedad,
la risa sorprendente de la eterna juventud.

Creemos en Jesús Resucitado.
El que ha hecho posible lo imposible.
Posible que creamos.
Posible que vivamos de su muerte.
Posible que muramos en su vida.

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